En San Victorino,
el comercio se levantaba como un escenario febril, donde las tensiones por el
dinero y el poder se mezclaban con silencios que nunca revelaban del todo cómo amasaron
tanto poder. Ese trasfondo, sin embargo, es apenas un telón. Lo que realmente
se despliega son las vidas íntimas, los amores y las ambiciones, mientras las
cofradías intentaban hacerse un lugar en una urbe que, poco a poco, se abría a
la modernidad. Nuevos sueños urbanos iban surgiendo, y con ellos, la
transformación de Colombia en un país de ciudades, atravesado por violencias
que nunca dejaron de mutar.
Los desvaríos de
los personajes son espejos rotos: "fragmentos de lo que pudo ser Colombia y de
lo que aún somos". Cada obsesión, cada deseo truncado, cada ambición desmedida
es un reflejo de la nación misma, que se debate entre la memoria de sus heridas
y la obstinación de sus sueños.
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