Aunque no es lo mismo hablar de las elecciones y compararlas con una feria tal y como se hace en el comercio, solo nos atenemos a lo que nos parecen, y aunque tengamos nuestras preferencias políticas. Cuán diferentes a las que antes veíamos, y mucho más con la antiguas en donde el derecho electoral era lo fundamental que primaba. Ahora todo ha cambiado a donde los candidatos están interesados en el festín que representan. Y sin embargo, no deja de ser una especie de feria en que los simpatizantes son libres de ejercer su voto por cualquiera que lo desee, y así decidir por el que se lo merece. El cuál más participa en ese derecho inalienable que todos tenemos, pero que nos deja dudas de sí esas garantías de participación ciudadana, en realidad nos dejen satisfechos. A muchos los convencen con un tamal, por una ayuda para un familiar, el de recibir un contrato, o alguna otra prebenda en donde también el dinero entra a jugar un papel importante, y además por ser un delito se les persigue. Y sin embargo, los que participan nos llevan a las indelicadesas de cada uno de los que participan, destapándose los cueros al sol, sin el respeto que se merecen los electores en donde esas rencillas son las que priman, sin importar el qué dirán, con tal de sacar un buen provecho con calumnias respecto a los candidatos contrincantes a la presidencia, así como en las plazas de mercado lo hacen las vendedoras qué como comadres se pelean entre sí. Y no es para menos. Es la feria adonde muchos van en grupos a votar por uno u otro de estos personajes, que si bien son importantes, entre el vulgo solo vale lo que pueda conseguir para sus grupos afines. Los demás quedamos por fuera, o simplemente por no compartir. Es muy parecido a la feria de las vanidades en donde todos se lucen, mostrándonos una u otra cosa, y sin embargo se habla de que este gobierno nos mintió con su reforma de la salud, la reforma a la educación, y a pesar que nos muestra que algo ha cambiado con la tierras para los campesinos y con el derecho a obtener una pensión para su subsistencia, y tantas otras cosas por las cuales los candidatos se alían entre izquierdas y derechas, en donde más de un bufón sale a decir que él sí, solucionará lo que no hizo éste. En las ferias de las vanidades todo cabe y mucho más, sino hay definiciones idelógicas adonde abundan más los intereres personales en que las diatriabas son las que profundizan más la animadversión entre los ciudadanos, y en la que quedamos solos los que estamos por la defensa de nuestras libertades, y no tal y como sucedió con un candidato que no pudo participar porque los encargados de decidir quiénes podrían hacerlo, lo dejaron por fuera, siendo este, el que debería participar, y muy amañadamente lo dejaron por fuera de la consulta que según parece son los que están destinados a gobernar el país. Es decir, que si nos descuidamos, a la mayoría los dejan sin candidato, tal y como lo hizo el concejo electoral en esas vanidades que como feria electoral, solo los que partipan, pueden ser los elegidos, y aunque no nos digan qué, pretenden con el olvido, los nuevos personajes que han ido apareciendo, serán los que dirijan el destino del país. Marrulladas son las que se ven, en estas comparsas que ahora llamamos electorales, en las que se elige al que más hable bonito, el que más prebendas políticas ofrezca, así no tengan ideas con qué justificar sus deseos. Hace más o menos 50 años, un candidato se paraba en la séptima, adonde quedaba el periódico El Tiempo en esa épcoca, y diagonal adonde mataron a Gaitán, que con su forma bonachona invitaba a todos, a votar por éste, con el cuento de que pavimentaría el Río Magdalena. Algo parecido a la mayoría de los candidatos para representarnos, que a todas voces nos prometen cosas irrealizable, sin ningún sentido, nos dicen sus proyectos pero sin la sapiencia fundamental, porque solo están obstinados en mostrar que el gobierno solo trabajó para éste, y no para la mayoría de la población. Solo hay unos pocos. Pero igual. Ahora con las redes sociales y las informaciones de los diferentes medios de comunicación las que proliferan lo mismo que en las plazas de mercado, dejándonos la duda de que todo lo que dicen es pura mentira. Votamos por estos, e igual a otras elecciones, nos dejan viendo pucheros al estilo bogotano. Lo único que vale es votar por los que conocemos y han hecho una buena labor, y no por los que han obstaculizado con sus trampas, el sano ejercicio de las instituciones, y su marcha por los logros que han hecho. Hay que ser sincero, existen cosas que no nos gustan, pero que han sido las buena intenciones con que han estado gobernando. Y para los corruptos nada. Que nos alejen de ese sanedrín en que se han convertido las farándulas electorales. Así de sencillo.
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